Tipos de tratamientos para maderas de exterior
La madera es un material natural que, cuando se utiliza en el exterior, puede ofrecer una estética única y elegante a cualquier espacio, desde terrazas y pérgolas hasta fachadas de casas y cercas. Sin embargo, debido a su exposición constante a las inclemencias del tiempo, la madera exterior está especialmente vulnerable a factores como la humedad, los rayos UV, los cambios de temperatura y las plagas. Para garantizar que la madera mantenga su belleza, durabilidad y resistencia a lo largo del tiempo, es esencial aplicar tratamientos adecuados.
Existen dos métodos principales para mejorar la vida útil de la madera en ambientes exteriores: el tratamiento en autoclave y el tratamiento térmico. Ambos procesos aportan distintas propiedades a la madera tratada, dependiendo del uso final y de las condiciones ambientales a las que estará expuesta. Vamos a conocerlos.
Tratamiento en autoclave
El tratamiento en autoclave es uno de los procesos más utilizados para conferir resistencia a la madera frente a agentes bióticos como hongos, insectos xilófagos y microorganismos. Este sistema implica la impregnación de la madera con productos protectores mediante un ciclo de vacío y presión en un tanque sellado.
Proceso del tratamiento en autoclave:
Fase de vacío inicial: Se extrae el aire del interior de las células de la madera para facilitar la posterior absorción del producto protector.
Impregnación a presión: Se introduce el producto protector en el autoclave y se aplica una alta presión para que penetre profundamente en la madera.
Vacío final y secado: Se extrae el excedente del producto protector y se deja secar la madera para estabilizarla.
Existen distintos tipos de impregnación dependiendo del uso de la madera tratada:
- Clase de riesgo 3: Protección contra humedad ocasional, ideal para estructuras no enterradas ni en contacto permanente con el agua.
- Clase de riesgo 4: Aplicaciones en contacto directo con el suelo o con exposición constante a la humedad.
- Clase de riesgo 5: Maderas sometidas a ambientes de alta humedad o inmersión en agua salina.
Las sustancias utilizadas en este proceso incluyen sales hidrosolubles de cobre, boro y productos orgánicos que aumentan la resistencia a la degradación biológica. Este tratamiento es especialmente recomendable para maderas de coníferas como pino y abeto, que presentan mayor porosidad y facilitan la penetración del protector.
Tratamiento térmico
El tratamiento térmico es una técnica que mejora las propiedades de la madera mediante la modificación de su estructura celular a altas temperaturas. Este proceso no utiliza productos químicos, sino que se basa en la aplicación de calor en un ambiente controlado con ausencia de oxígeno para evitar la combustión.
Fases del tratamiento térmico:
Secado inicial: La madera se somete a un proceso de secado controlado para reducir su contenido de humedad.
Exposición a altas temperaturas: Se calienta entre 180 y 230°C en una atmósfera inerte de vapor de agua o nitrógeno.
Enfriamiento y estabilización: Se reduce la temperatura y se reintroduce humedad para evitar deformaciones.
Este tratamiento modifica la estructura de la madera, reduciendo su higroscopicidad y mejorando su resistencia a la degradación biológica. Entre sus principales ventajas se encuentran:
- Mayor estabilidad dimensional: La madera tratada térmicamente reduce su capacidad de absorción de agua, minimizando hinchazones y contracciones.
- Mayor resistencia a la putrefacción: Al eliminar ciertos polisacáridos, se reduce el alimento disponible para hongos y bacterias.
- Mejora de la durabilidad: Se incrementa la longevidad de la madera sin necesidad de productos químicos.
Este tratamiento es ideal para especies frondosas como el fresno, el roble o el chopo, utilizadas en aplicaciones de exterior como revestimientos, tarimas y mobiliario urbano.
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La elección entre el tratamiento en autoclave y el tratamiento térmico dependerá del tipo de aplicación y de las condiciones a las que estará sometida la madera tratada. Mientras que el tratamiento en autoclave ofrece una protección más profunda contra agentes bióticos y permite su uso en contacto con el suelo, el tratamiento térmico mejora la estabilidad dimensional y proporciona una solución ecológica sin productos químicos. En cualquier caso, ambos procesos permiten que la madera conserve su funcionalidad y estética en exteriores, asegurando una mayor vida útil en entornos exigentes.
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